Cambié mis miedos por una guitarra...


Por más de 7 años he usado en el cuello un dije de un árbol muerto, sin hojas, como la representación y recordatorio de mi miedo más grande; quedarme sin vida, sin nada que me de VIDA, sin DAR vida, sin disfrutar, sin una función social... Hoy, al darme cuenta que a ese dije se le habían quebrado y caído unos pedazos, justo encontré otro en casa, con la forma de una guitarra acústica y decidí reemplazarlo.


En esa acción de quitarme el collar para cambiar las piezas, me descubrí en un ejercicio de aceptación de un cambio que venía dándose de forma interior hace algunos meses. Descubrí que al quitar ese árbol, estaba desligándome de esa “idea” de ser consciente de un miedo tan abstracto como para ser “real”. Y estaba reemplazando literalmente mis miedos por la música, por la paz, vida y felicidad que he encontrado en lo único que ha sido constante desde que tengo memoria; la guitarra y las canciones. La música ha transformado mi vida varías veces, al punto de salvarme la vida y darme razones para estar vivo. Más que los libros, las canciones me han enseñado a ser quien soy, a sentir mil cosas de mil maneras, a cambiar formas de pensar, incluso costumbres o falsas ideologías. Por lo tanto, más que en los miedos que me han ofuscado la perspectiva, hoy encuentro más identidad en hacer canciones por el gusto de hacerlas, porque así me siento vivo y así puedo transmitir esa vida a los demás... Hoy he cambiado esos miedos por la paz que me da una guitarra (o varias)...





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