YO SÍ QUIERO UNA VIDA MEDIOCRE


Paz, tranquilidad, felicidad, libertad, estabilidad. Palabras que suenan bien, ¿no?. Estar alejado de la competencia, del ruido, del estrés, la tenencia, el poder y el conflicto. De inmediato pensamos que una vida así trae júbilo, pero muchos de estos conceptos a veces están amarrados a cosas que debemos hacer antes, para conseguirlos.


Según la RAE, “mediocre” se atribuye a una persona o algo “de calidad media, de poco mérito”, es decir algo que no es malo, pero tampoco es excelente. Yo no busco ser un genio o una leyenda en algo, pero tampoco pretendo ser un idiota, egoísta, ensimismado, que hace todo mal. Querer una vida mediocre tampoco significaría hacer las cosas “a medias” o “dar el mínimo esfuerzo”, más bien significaría no perseguir que los resultados sean mejores que los de los demás o querer encajar en estándares de calidad o aspiraciones sociales. No pierdas de vista en esta lectura que, no es lo mismo actuar con mediocridad que querer una vida mediocre, porque incluso para tener una vida mediocre (o en la media), hay que hacer las cosas bien, tener buenas intenciones, completar tus tareas y construir tus sueños.


Vivimos en una sociedad obsesionada con el “éxito” en la que por décadas, hemos sido bombardeados con ideas sobre lo que debemos hacer, tener y soñar para ser exitosos y felices, creencias donde el punto central es siempre ser y tener más y mejor, por lo regular, mejor que los demás. Nos han implantado la idea de que podemos (y debemos) ser extraordinarios, sobresalientes, por encima del promedio, sin darnos cuenta que, si realmente todos fuéramos extraordinarios, en realidad seríamos muy promedio... Perseguir constantemente la grandeza, la genialidad o el reconocimiento es también alejarse del proceso que llamamos felicidad, porque esa persecución es interminable, nefasta, egoísta y el concepto de “grandeza” en algo específico, siempre te alejará de muchas otras cosas importantes (como tus relaciones o el respeto a la naturaleza). Nos han enseñado a querer un trabajo donde ganemos mucho dinero, que el dinero es un valor más que material, a soñar con una casa grande, un carro lujoso, a tener la última tecnología, a seguir patrones, tendencias y modas, a consumir productos que dañan nuestra salud y el ambiente, en fin, nos han enseñado a tener cosas para hacer la vida más fácil, pero también a ser muy infelices por nuestras carencias.


¿Y qué si lo que quiero es una vida ordinaria y simple?...


Muchos años, muchos días me la he pasado infeliz porque no logro alcanzar aquello que me dicen que tengo que tener; en la música, que debo ser “famoso”, hacer música que sea tendencia o que siga las tendencias, que debo “conectar” en las redes sociales, etc... en el trabajo, que debo escalar profesionalmente, ganar más dinero, comprar una casa más grande. En lo personal, que debo tener hijos porque es lo que “me toca hacer” luego de haberme casado. En fin, he perseguido muchas cosas que la sociedad, la familia, la publicidad y los influencers en Instagram me han dicho que tengo que hacer, decir o soñar, pero la he pasado mal, ansioso, procrastinando, estresado e insatisfecho con mi vida, haciendo comparaciones frustrantes, culpándome, culpando a otros y creyendo que algo anda mal. Afortunadamente ALGO ANDA MAL y es el sistema de aspiraciones sociales que nos hemos creado y creído...


Darme cuenta de eso me ha llevado a descubrirme siendo enteramente feliz cuando no seguí los patrones, cuando decidí hacer la música que me gustaba y sentía que el mundo necesitaba, cuando abandoné mi trabajo como reclutador de personal porque no me gustaba, cuando aún sin estudios en ingeniería de sonido me decían iluso por enviar mi CV buscando un trabajo como productor musical (que hoy tengo), cuando me dediqué a aprender nuevos oficios (como diseñar, locutar o escribir este blog). Me he descubierto feliz riendo con personas que no me esperaba, me he descubierto en paz cuando me alejo de las redes sociales, me he descubierto sereno cuando hago una canción. He descubierto que hay un tipo de estrés que disfruto tener y es cuando planifico un viaje, o cuando organizo un concierto aunque no lleguen más de 5 personas, cuando sigo enviando mis propuestas musicales aunque me rechacen, incluso disfruto el estrés cuando “fluyo” a través de producir una nueva canción, dedicarle madrugadas enteras, sin sentir el tiempo, hasta que mi perfeccionismo encuentre que me gusta como suena. Como decía al inicio, me gusta hacer cosas bien hechas, pero no para obtener grandeza, sino para ser franco en lo que hago.


Luego de hacer mi propio ejercicio para saber lo que es verdaderamente importante (Ver entrada en el blog “¿Y a mi qué me importa?”), he descubierto que...


“LAS COSAS IMPORTANTES SON LAS COSAS ORDINARIAS”


Porque lo importante no es lo que persigues ambiciosamente o lo que dices que quieres. Lo importante es lo que realmente más haces y disfrutas en tu día a día, en tu “aquí y ahora”. Si te la pasas soñando, entonces es eso, soñar es importante, pero más aún todo lo demás que haces para avanzar hacia esos sueños. Lo importante es lo que accionas, lo que sacrificas, lo que conviertes en realidad cada día, lo que disfrutas, lo que consideras “ordinario”, las personas que más ves y con quienes más ríes, con quienes la pasas bien o con quienes prefieres estar cuando la pasas mal. Si consideras algo como “ordinario” automáticamente has autorizado a esa actividad, persona o actitud como importante en tu vida.


He descubierto, por lo tanto, que la felicidad está en ese proceso de resolver problemas, no en los resultados en sí mismos. Pero problemas, claro, que me trae el hacer las cosas que me gustan, las cosas que considero “ordinarias”, como cantar, tocar guitarra, viajar, escribir, diseñar, organizar juntas con amigos y familia, viajar con mi esposa, etc... Me he descubierto en una mejor actitud hacia la vida y la gente, cuando estoy inmerso en esos procesos creativos “ordinarios”, cuando estoy buscando obtener algo extraordinario, pero NO en un plano social de ser sobresaliente entre otros, sino de obtener resultados no ordinarios o “diferentes” para mi, así también me resulta “normal” buscar salirme de mi zona de confort (como cuando di clases de música a niños con sordo ceguera o cuando me lancé en el canopy aun con el miedo de caerme, insisto, querer una vida mediocre no es ser mediocre).


Y aunque hayan cosas inevitables cada día que no nos gustan, como el tráfico para moverte de casa al trabajo, lo ordinario no es precisamente el tráfico, sino el sacrificio cotidiano que haces por un bien mayor, el del trabajo, el de la estabilidad económica, el de garantizarte cierto estilo de vida, el de llegar a hacer algo que te gusta. Ahora bien, si el tráfico te llega a consumir tanto que eres miserable por esas horas “perdidas”, hay algo que debes reajustar en tu cotidianidad, porque siempre puedes revisar tus prioridades y la congruencia entre lo que quieres y lo qué haces, a través del maravilloso ejercicio de “hacerte consciente” y la capacidad irrenunciable de la VOLUNTAD, que te puede mover a un plano de mejor armonía.


Entonces, una vida mediocre no es para nada “mala”, una vida donde lo importante es lo que haces cada día para estar “bien” contigo, con los tuyos y con el planeta. Donde lo que importa es lo que haces aquí y ahora, una vida de pequeñas cosas ordinarias que no precisamente “disfrutas”, pero que sí te hacen disfrutar la vida entera. Una vida simple, donde la persecución de los sueños es más importante que el “sueño” en sí. Una vida tranquila, donde esos sueños no son afanes o ambiciones competitivas para agradar o encajar en ciertos ideales de un “éxito” establecido.

Yo prefiero vivir haciendo lo que quiero y necesito y hacerlo siempre de la mejor manera, que intentar alcanzar cierto estado emocional o estatus social para ser feliz. Prefiero hacer cosas que en verdad me hacen feliz, que intentar hacer cosas que los demás dicen que me harán feliz. En general, para seguir soñando y construyendo sueños, prefiero dejar de intentar tanto y bajarle a las aspiraciones sociales. Para mi, el éxito es moverme en un plano de cosas ordinarias que aporten valor a mi vida y a la vida de los demás...


Gracias de nuevo por leer... Si te gusta, recuerda compartir tus ideas favoritas y suscribirte a esta comunidad de sombreros verdes.

Como siempre... ¡BUENA VIDA!


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